Louis Saha tiene todas las referencias del tipo de jugador que sabe aprovechar sus ocasiones. Empezó en su país, en el Metz francés. En poco tiempo los responsables del Fulham londinense se lo llevaron a sus filas y comprobaron que habían hecho un buen negocio. Y es que dejó huella en el público de Craven Cottage, que le cogió un cariño especial. Fue en este equipo donde se formó de verdad como jugador. En enero de 2004 el Manchester United puso un cheque de por medio y convirtió el cariño antes mencionado por una mezcla de rencor y melancolía.
Pronto el jugador comprendió cuál iba a ser su sitio de momento, el banquillo. Un tal Ruud Van Nistelrooy era el sinónimo del gol en los reds devils y no dejaba sitio a un delantero que venía de un equipo tan modesto y sin hacer mucho ruido. Pero el francés no tiró la toalla. El año pasado acabó la temporada como titular, cambiando el puesto al holandés que, entre el mal momento que atravesaba y los roces con Ferguson se olvidó de marcar y cogió el puesto de su compañero en el banquillo.
Este final de temporada le otorgó un billete para el mundial de Alemania. Domenech lo prefería por delante de otro gran delantero, David Trezeguet. Pese a esto no tuvo un papel destacado.
Cómo cambian de rápido las cosas en el fútbol. Hoy día Louis Saha es el delantero titular del United, sin ningún atisbo de duda. Pichichi de su equipo, compartido con el magistral Rooney, es la referencia del equipo en ataque. Sin tener una técnica depurada ni mucho menos, sí ofrece velocidad, fuerza, juego aéreo… y una zurda que da miedo. Este delantero está en racha y tiene mucha culpa del buen momento que atraviesa su equipo, líder de la Premier por delante del todopoderoso Chelsea y clasificado para los octavos de la Champions. También es justo destacar el mérito que tienen los que juegan por detrás de él. Ronaldo, Rooney, Giggs… se encargan de servirle balones perfectos que no desaprovecha.
Supo esperar su oportunidad. Provocó, en parte, la salida de un hombre que había sido el alma del Manchester United y le quitó el puesto y la responsabilidad que eso contrae. Un ejemplo de buen jugador.
En la Europa actual, sólo hay tres equipos que jueguen al fútbol de la manera que más gusta a los aficionados: El Barcelona, el Olimpique de Lyon y el Werder Bremen. Y es que en Alemania disfrutan con este equipo. Una liga en la que, por tradición, siempre ha reinado el pulso físico y el choque de trenes, ha encontrado la alegría futbolística en el equipo de Thomas Schaaf. A las estadísticas me remito.
Los aficionados que acuden todos los domingos al Weserstadion lo hacen convencidos de que van a ver goles, emoción y espectáculo. Pero además obtienen muy buenos resultados. Consiguen la combinación deseada por todos, espectáculo y victorias. Porque actualmente está líder de la Bundesliga, y porque tiene plantilla para luchar hasta el final por el título de campeón. Sustentados por una defensa correcta como Naldo y Mertesacker, de medio campo en adelante los jugadores tienen la misión de atacar, sea cual sea el resultado, ante cualquier equipo y en el campo que toque. No hay excusas para no mirar hacia arriba. Prueba de ello es la diferencia de goles a favor entre los de Bremen y el segundo clasficicado, el Shalke 04.
En el ataque alemán hay dos nombres que sobresalen del resto. El brasileño Diego, compañero de robinho en el Santos, llegó al Oporto con muchas expectativas, pero no consiguió de explotar todas sus cualidades. Sin embargo, en el conjunto alemán, gracias a su filosofía de juego, está enseñando la calidad que lleva dentro. Toque de balón exquisito, dinámica, visión de juego… son algunas virtudes que destacan de este jugador con una gran futuro por delante. Los pases del mediapunta los aprovecha un delantero puro, Miroslav Klose. Sin ser corpulento consigue anticiparse a los espigados centrales alemanes, aprovechando así su estupendo remate. Mejor jugador alemán en el pasado mundial, parece que abandonará el equipo en junio. Algo que puede afectar al equipo
Junto a estas estrellas, gente como Frings, Hunt o Borowski completan un grupo de jugadores que, pese a haber sido eliminados del grupo más difícil de la Champions, tienen todas las esperanzas de llegar a lo más alto del campeonato alemán.
Todos los equipos del mundo tienen como primer objetivo ganar dinero. En cuanto a lo deportivo, hay dos formas. La primera, la del Real Madrid, es comprar caro, jugadores consagrados, ganar títulos (o intentarlo) con éstos y hacer mucho y buen marketing. La otra, es tener menos presupuesto, poco marketing, pero comprar barato y vender caro. Este es el modelo del Udinese italiano. Este equipo ha conseguido formar un modelo de ojeadores a imitar por el resto de clubes internacionales.
Tiene consejeros y asesores por todo el mundo y maneja con precisión y detalle muchas ligas mundiales. Además de saber cazar futuros talentos, también impulsa a jugadores estancados. Actualmente, la mayor parte de jugadores de su once titular son pretendidos por clubes extranjeros y nacionales.
Un ejemplo claro del acierto en los fichajes es David Di Michele. Este delantero era el jugador más valioso del modesto Reggina, en la primera división del Calcio. El Udinese apostó por él, y en dos temporadas entraron en Liga de Campeones por primera vez en su historia. Ahora formar parte del Palermo que aspira al título de liga.
Gente como Di Natale, Iaquinta, Zapata, Felipe, Muntari…. Jugadores desconocidos antes y deseados ahora. Que en el pasado costaron poco y ahora valen demasiado. En una media de dos a tres años se revalorizan lo suficiente como para asegurar el buen mantenimiento de los presupuestos del club.
Este es el modelo que deberían tener los equipos de fútbol, en mi opinión, porque es el puramente futbolístico. Aunque también es el más difícil, porque al igual que te salen apuestas buenas, también existen las malas. Pese a todo, el Udinese mantendrá su política de fichar bien y conseguir montar un bloque cada año vendiendo a sus mejores jugadores. Un claro ejemplo de gente que sabe lo que hace y que no hace lo que sabe.
Acaba el 2006. El Barcelona campeón de Europa, el Sevilla campeón de la UEFA. ¿Y la Selección? Sin romper la norma, fracaso. Llegados a este punto, lo mejor que se le puede pedir a Melchor y compañía es que echen a Luis Aragonés. Aunque visto que ni con el rechazo de la mayoría de los españoles se consigue, no sé si los del portal de Belén podrán hacer algo. Pero bueno, pedir es gratis.
Nos clasificamos al mundial con una repesca frente a la correosa pero bastante asequible Eslovaquia. Prueba superada. Los medios de comunicación metían en la cabeza de los aficionados el mensaje de que sí, este era el año de España. Lo conseguiremos. Un remate de Vieira nos dijo que no, que a casa. Luis Aragonés, nuestro gran seleccionador, dijo que si no hacíamos un buen mundial dimitía, luego pensó que mejor no. Vaya mareo.
Al final, el debate se cerró con la continuidad del míster y la desaprobación de la afición y los medios. Se pierde con Irlanda del Norte, la máxima potencia futbolística, con todos mis respetos, y con Suecia. El pase a la Eurocopa del 2008 parece bastante complicado, esta vez no hay repesca. Y Luis sigue. Algo debe de tener para conseguir que nadie le eche de su silla. Creo que es un tal Ángel María Villar, encargado de la Federación Española de fútbol y que, por lo visto, tampoco se plantea el dejar su puesto. Viva España, sí señor. Vienen los amistosos, se gana frente a una Argentina que juega con el segundo equipo y se pierde con Rumanía, en casa. ¿Y Luis? Sigue. “Hay equipo”, dice. Tiene toda la razón, lo que no hay es seleccionador.
En estas fechas tan señaladas y felices, en las que se hace balance del año que dejamos y de los deseos para el que está por venir, pido que echen al encargado de mi Selección. Por lo mal que lo ha hecho en el año que se va, y por lo que preveo para el que entra.
Desde que tengo uso de razón me pregunto a mí mismo y planteo a los que me rodean cómo un jugador puede conseguir tanto con tan poco. Y es que lo de Raúl González Blanco es una auténtica hazaña. Ha conseguido jugar en el Real Madrid durante tantos años sin aportar nada más que publicidad, representación y, eso sí, lucha. Los que le defienden sólo consiguen argumentar su titularidad por tres vías: la entrega, el alma y la capitanía. “Raúl lucha mucho, no da un balón por perdido”, “Es el alma del equipo”, “Es nuestro capitán, la bandera del madridismo”.
Todo eso está muy bien y es totalmente correcto, no le quito ninguno de los tres méritos, pero, ¿y qué? No tiene regate, ni velocidad, ni fuerza… Su única virtud es la de correr y luchar, lo que puede hacer cualquiera con dos piernas, y si cobra lo que él, aún más. Sólo es una barquita en un mar de grandes buques, que tienen que tirar de ella para que no se que trás.
Antes se podía aguantar su presencia, porque gente como Zidane ponía la magia y la creatividad que hace falta en ataque. Pero ya empieza a ser preocupante, porque su presencia en el campo significa la ausencia de gente con mucha más proyección, calidad y virtudes que el “Gran Capitán”. Robinho, Reyes… Se deben preguntar todos los días qué harán mal para no tener más minutos que un hombre que sólo lucha y empuja el balón desde la línea de gol. Yo también me lo planteo. Cómo en un equipo tan importante, en el que todo se sabe y todo se critica, se puede seguir sacando a un jugador que ya no es ni convocado por la Selección.
Este es el claro ejemplo de jugador totalmente sobrevalorado, durante toda su carrera. La pena es que otros con más cualidades no tengan las oportunidades que merecen. Porque es malo para ellos y para su equipo. Esperemos que el jefe de puerto expulse a la barquita, así el resto de naves irá con buen rumbo.
El Parma es el claro ejemplo de lo tambaleante que es el fútbol. Lo único seguro que hay en este deporte es que nunca desaparecerá. Sin embargo, todos los que lo practican no pueden decir lo mismo. Este equipo ha visto lo que es la cima y el valle. El juego en Europa y la lucha por no descender en Italia. Un contraste demasiado fuerte.
Hace no mucho tiempo, este equipo tenía a jugadores de primer nivel internacional. Desde la etapa de Asprilla y Zola, con los que consiguen una Recopa, una Supercopa de Europa y una UEFA, hasta la de los Buffon, Chiesa, Cannavaro, Thuram, Verón y Crespo. Estas estrellas lo llevaron muy lejos. Consiguen el doblete de UEFA y copa de Italia. Era la gloria del Parma.
Pero, lo que son las cosas, ahora esos recuerdos no le ayudan a luchar para mantenerse en la Serie A. Esa buena etapa está en las cabezas del público presente en el Ennio Tardini cada domingo, pero no calma la angustia de la derrota. Sólo impulsa aún más hacia la resignación.
Poco a poco, empezaron a irse grandes jugadores y a llegar otros que no lo eran tanto. El brasileño Adriano, ahora en el Inter, y el milanista Alberto Gilardino son los últimos cracks que abandonaron la ciudad del norte de Italia.
Actualmente, el club se encuentra en puestos de descenso con sólo diez puntos en dieciséis jornadas. Pero, lo que es peor, no ofrece un mínimo recurso para intentar llegar a ser lo que fue, uno de los más importantes de Italia. En su plantilla sólo hay jugadores de medio pelo, entre los que se salvan el irregular Morfeo y Gasbarroni, pieza clave esta temporada.
Viendo la historia de este equipo das por bueno el dicho de “lo difícil no es llegar, sino mantenerse”.
Jornada número dieciocho en el campeonato francés. El Olimpique de Lyon es primero a 20 puntos del segundo, el Lille. Si tuviesen un mínimo de soberbia y arrogancia podrían celebrar el título ya mismo si quisieran.
Y es que este Lyon de Gerard Houllier juega tan bien y está tan compenetrado en todos los aspectos que llega a aburrir. El fútbol perfecto y arrollador que lleva en Francia hace que se le quite cualquier emoción al campeonato. Si bien sus rivales no son nada del otro mundo, este equipo es una de las primeras potencias futbolísticas del fútbol europeo actual.
Los franceses aman el buen fútbol. Los jugadores, el entrenador y por supuesto la afición. Su juego está basado en una característica muy importante hoy en día, la velocidad. Apoyados por una defensa segura con Cris y Squilachi como centrales, de medio campo para arriba es todo imaginación, dinámica, rapidez y consistencia. Juninho Pernambucano es la veleta del equipo, sobre él se construye todo, tanto la defensa como el ataque, además de la efectividad que aporta a balón parado. Alrededor de él se sustenta el resto de las piezas, cada una importante en su puesto. Tiago, Malouda, Govou, Wiltord… Rápidos y dinámicos, lo que quiere el míster. Arriba la referencia es Fred. Aunque el brasileño puede ser suplantado perfectamente por Carew, como bien sabe Cannavaro.
Además sabe comprar barato y vender caro. La clave para tener una economía saneada en cuanto a fichajes se refiere. Se desprendió de dos grandes figuras de sus últimos años, como Essien y Diarra, y ahí sigue. Sin duda este equipo es la prueba de que haciendo las cosas bien y teniendo claro cómo se quiere jugar y quién sabe hacerlo, se puede llegar lejos.